Muchos adolescentes hoy elaboran poco material propio sobre sí mismos. El orientador debe adaptar su intervención a códigos y tiempos distintos sin renunciar al autoconocimiento.
Gran parte de los intercambios familiares sobre el futuro académico se truncan antes de empezar. No siempre el conflicto está en la carrera, sino en la dificultad para hablar del tema.
La falta de formalización de la orientación vocacional deja a los padres frente a un abanico de posibilidades muy amplio que, por momentos, no termina de clarificar qué sucede dentro de estos espacios ni cuáles son sus fines.
Cuando la presión por elegir una carrera fractura la comunicación en el hogar, el orientador en la práctica privada debe asumir un rol que excede lo técnico.
La distribución del tiempo en el ejercicio de la orientación vocacional constituye un desafío histórico que condiciona la práctica profesional año tras año.
¿Por qué el deseo genuino de los padres de acompañar a sus hijos no siempre logra conectar con los tiempos propios de la adolescencia? Una mirada clínica sobre uno de los momentos más desafiantes de esta etapa.