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El factor tiempo en la orientación vocacional: el desafío de la demanda estacional

La distribución del tiempo en el ejercicio de la orientación vocacional constituye un desafío histórico que condiciona la práctica profesional año tras año.

La distribución del tiempo en el ejercicio de la orientación vocacional constituye un desafío histórico que condiciona la práctica profesional año tras año. Es una realidad constatada que el mayor volumen de consultas por parte de adolescentes y sus familias se concentra de manera abrupta a partir del período comprendido entre agosto y septiembre. Esta estacionalidad genera una compresión en la agenda de los orientadores, quienes ven agotada su disponibilidad de espacios para abordar a la totalidad de los jóvenes que necesitan resolver qué hacer al finalizar el ciclo escolar.

Hasta la fecha, este conflicto logístico permanece sin una resolución eficiente en el campo de la orientación. Diversas investigaciones y datos del sector arrojan que, ante la imposibilidad de absorber la demanda de forma individual en un lapso tan acotado, los profesionales se ven obligados a migrar hacia abordajes grupales de entre 5 y 10 integrantes. Si bien esta modalidad busca distribuir las herramientas disponibles entre la mayor cantidad de jóvenes posible, responde más a una necesidad de contingencia que a una planificación óptima.

Este fenómeno responde principalmente a dos factores: por un lado, el último semestre del último año de la secundaria es el momento donde se consolida con mayor fuerza la incertidumbre frente al futuro; por el otro, son muy pocas las familias que logran organizarse con la anticipación necesaria para iniciar estos procesos fuera de ese período crítico. Como consecuencia, los testimonios de los orientadores coinciden en una limitación recurrentes: la agenda de consultas proveniente de un solo curso escolar suele completarse tan rápido que deja al profesional sin margen para escuchar o trabajar con jóvenes de otras instituciones.

Esta dinámica interrumpe abruptamente el statu quo del profesional, configurando un estado de situación crítico:

El contraste estacional: Se transita de un primer semestre con una demanda de consultas normal o baja, a un segundo semestre caracterizado por una urgencia que satura la capacidad de respuesta, escenario para el cual no siempre se dispone de la preparación o las herramientas necesarias.

El factor del pluriempleo: Dado que la mayoría de los orientadores no se dedican en forma exclusiva a esta actividad, la organización de su agenda se ve gravemente afectada al verse en la disyuntiva de tener que ampliar de manera forzada una disponibilidad horaria ya comprometida con otros trabajos.

El impacto subjetivo: Esta modalidad de trabajo resulta insostenible a largo plazo, instalando en el profesional un estado de agobio, apresuramiento y la sensación de que el esfuerzo dedicado resulta insuficiente ante la magnitud de la demanda. En consecuencia, emergen cuadros de frustración, desazón e incluso síntomas de burnout durante un período del año que deja de ser disfrutado.

Esta problemática sostenida en el tiempo mantiene abierta una pregunta clave entre los profesionales: cómo lograr que las herramientas de orientación alcancen a distintos sectores académicos y estudiantiles optimizando el uso del tiempo. Existe una clara percepción en el ámbito profesional de que sería posible trabajar con un volumen de estudiantes significativamente más amplio si surgieran metodologías y herramientas que permitieran una organización diferente de este recurso crítico.

Comprender esta realidad en relación a esta problemática termina siendo una posibilidad que directamente permite empezar a pensar en la resolución del problema y que, para eso, se necesitan algunos cambios en la metodología de abordar este conflicto.


Le agradezco su lectura y el interés en nuestra perspectiva de trabajo.

Lic. Maximiliano Llambrich — Equipo de Lumo