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Orientación vocacional en adolescentes: un proceso con múltiples formas y un gran desafío para las familias

La falta de formalización de la orientación vocacional deja a los padres frente a un abanico de posibilidades muy amplio que, por momentos, no termina de clarificar qué sucede dentro de estos espacios ni cuáles son sus fines.

Recurrentemente madres y padres de adolescentes que están atravesando el proceso de búsqueda de una carrera universitaria, consideran la consulta con orientadores vocacionales.

Para esto, es importante pensar en una problemática que suele acentuarse en este tipo de consultas: la formalización de la orientación vocacional no termina de consensuar algunos puntos de manera unánime. Por lo tanto, muchas veces los padres y las madres quedan abocados a la elección de un espacio para sus hijos principalmente a partir del contacto con pares y de testimonios sobre experiencias previas.

Esto resulta interesante porque las consultas son muy variadas, los encuadres también, y pareciera no existir una línea común en cuanto a la metodología y a la forma de trabajar con adolescentes.

En algunos casos, se escuchan abordajes vinculados a prácticas grupales, donde participan entre cinco y diez adolescentes que interactúan entre sí mediante actividades. En algunos de estos espacios se busca el autoconocimiento para descubrir aspectos vinculados a habilidades, fortalezas y aptitudes personales.

En otros casos, los espacios corresponden a abordajes individuales, con tareas específicas que los adolescentes realizan solos. También existen metodologías en las cuales estas actividades se realizan con el acompañamiento del orientador, aunque en paralelo se escucha sobre dispositivos en los que el profesional aparece con mayor protagonismo recién en las últimas sesiones.

También existe una gran diversidad en relación con el pago y los honorarios de estos procesos. Se escuchan modalidades de pago por sesión, señas iniciales y pagos al finalizar el proceso, entendiendo este último bajo distintas formas.

Por lo tanto, y considerando todo lo que comprende un proceso de orientación vocacional, los padres y las madres se encuentran frente a un abanico de posibilidades muy amplio que, por momentos, no termina de clarificar qué es la orientación vocacional, qué sucede dentro de estos espacios y cuáles son sus fines.

Muchas veces los adolescentes transitan estos dispositivos, pero aquí aparece un punto importante a tener en cuenta: algunos adolescentes, por cuestiones de personalidad o introversión, no se sienten cómodos trabajando en grupo. En estos casos, resulta relevante comprender previamente a qué tipo de espacio están recurriendo.

Por el contrario, hay adolescentes que necesitan de la presencia de un otro para el acompañamiento de este proceso y que, al encontrarse con dispositivos cuya metodología contempla una participación más tardía del orientador, pueden experimentar cierta sensación de soledad durante los primeros encuentros.

Por lo tanto, no deja de ser una problemática actual la falta de formalización de la orientación vocacional, de su metodología y de su finalidad. Aspectos que, al no estar consensuados de manera unánime, derivan en múltiples formas de abordaje y representan un desafío para padres y madres al momento de decidir a dónde llevar a sus hijos.


Le agradezco su lectura y el interés en nuestra perspectiva de trabajo.

Lic. Maximiliano Llambrich — Equipo de Lumo