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El desajuste entre padres y adolescentes ante la elección del futuro

¿Por qué el deseo genuino de los padres de acompañar a sus hijos no siempre logra conectar con los tiempos propios de la adolescencia? Una mirada clínica sobre uno de los momentos más desafiantes de esta etapa.

La pregunta "¿Qué hacer cuando termine la escuela?" constituye hoy uno de los motivos de consulta más frecuentes en el consultorio de psicólogos y psicopedagogos. Frente a este interrogante, se interviene a través de espacios profesionales recurrentemente con el objetivo de hacer responder a esa pregunta. Sin embargo, se observa una problemática muy grande: el deseo genuino de los padres por ayudar y acompañar el proceso no logra hacer match con las formas de la adolescencia, lo que genera incertidumbre e incapacidad de elaborar algo en relación a esto para ambas partes.

Podemos decir que aquí, más allá de la consulta a estos dos tipos de profesionales, la figura del orientador vocacional viene también para responder a procesos que tienen que ver con el autoconocimiento y, por qué no, a la tenue aproximación hacia el mundo de las carreras universitarias. Aunque muchas de esas consultas finalizan en cuanto al proceso y aún así no prosperan, por ende, muchas de las consultas que terminamos de recibir también provienen de procesos que han sido finalizados en el ámbito de la orientación y que, por ende, los adolescentes, o los adolescentes en conjunto con su familia, sienten que no han podido responder a la pregunta de qué hacer cuando termina.

Esta transición al finalizar la escolaridad secundaria viene acompañada, desde hace muchísimos años, por una gran demanda de los padres para que sus hijos mínimamente puedan empezar a pensar y a reflexionar sobre qué hacer. El punto crítico es el momento en que esta demanda se les hace presente a los adolescentes. Se trata de una etapa muy conflictuada frente a todas las exigencias del mundo exterior y un abrume que no les permite responder a todas de la manera más efectiva posible.

Esta adolescencia resulta un tanto disruptiva en cuanto a los adultos en temas como la comunicación y los puntos de vista sobre las cosas, lo que hace que la elección de una carrera y el autoconocerse un poco demande otros tiempos; no los que por momentos el adulto cree que pueden existir.

Un mundo que cambia más rápido que la conversación

Este escenario se complejiza aún más ante un mundo en términos de mercado laboral, economía, socialización y educación que cambia abruptamente con el desarrollo de la tecnología de por medio, a pasos rápidos y muy grandes. Mientras que los adolescentes están inmersos en todo ello y lo comprenden, los adultos por momentos no.

Esto genera una rivalidad entre el mundo tradicional del plano académico y laboral y estos nuevos modelos de emprender, de trabajar y de estudiar con la tecnología de por medio.

No hay una respuesta mágica, hay una respuesta posible

Ante la gran pregunta de qué es lo mejor, la experiencia clínica demuestra que no se trata de ver cuál es esa respuesta mágica o perfecta, sino cuál es la respuesta que puede dar el adolescente desde sus propios tiempos.

Muchas veces la orientación también se dirige a los padres, para ver de qué manera acompañar bajo qué formas en el afán de acercarse a ellos y escuchar lo que piensan sobre su futuro.

Comprender esta realidad en relación a esta problemática termina siendo una posibilidad que directamente permite empezar a pensar en la resolución del problema y que, para eso, se necesitan algunos cambios en la metodología de abordar este conflicto.


Le agradezco su lectura y el interés en nuestra perspectiva de trabajo.

Lic. Maximiliano Llambrich — Equipo de Lumo